Re-Aprendiendo a VIVIR

Foto EloisaMi historia con el cáncer comenzó a primeros de 2016. Ya había tenido otras “historias” en mi vida. Unas felices (mi familia y mis hijos), otras trágicas (la pérdida de dos bebés antes de nacer, la angustia de tener a un hijo hospitalizado nada más nacer y de someterlo a dos operaciones en su primer año de vida), otras felices (montar mi propio negocio y verlo crecer y prosperar)… Ilusa de mí, a veces pensaba que ya había tenido suficiente ración de mala suerte y que ahora me tocaba vivir feliz y tranquila.

Recuerdo que un sábado de finales de febrero estaba en la tienda trabajando y me empecé a sentir mareada. Estuve un rato allí viendo si se me pasaba, pero al final decidí cerrar la tienda y marcharme a casa ya que no me sentía en condiciones para atender a nadie. Además de estar mareada, sentía nauseas, así que lo atribuí a una comida que no me había sentado demasiado bien. Pero después de unos días con mareos y sin más síntomas de gastroenteritis, decidí ir al médico.

Mi médico de familia me hizo un reconocimiento. Me dijo que tenía taquicardia y me mandó una analítica para la semana siguiente un electro para quince días después. En cambio una amiga, cuyo marido es médico, me recomendó que acudiera a urgencias y allí fui. Me hicieron varias analíticas y un electro y en principio no había nada demasiado “raro”, aunque me hicieron un TAC de la zona pectoral para descartar un tromboembolismo pulmonar, ya que había tenido un trombo en una pierna en mi último embarazo.

En ese escaner detectaron que tenía los ganglios muy inflamados. Salí de allí con el alta y un volante para medicina interna para tres días después. En medicina interna me mandaron más pruebas (analítica, TAC y una biopsia). Pero antes de tener un diagnóstico tuve que volver a urgencias ya que los mareos empeoraban y me tenía que pasar todo el día tumbada.

Ese día me dejaron ingresada. Al día siguiente la doctora de medicina interna vino con el resultado de la biopsia. Era cáncer y venía de la mama. Me pidieron más pruebas y al día siguiente vino el oncólogo a visitarme. Me confirmó que era cáncer de mama y que dada la extensión de la enfermedad, no se podía curar y que el diagnóstico y tratamiento iba orientado a “cronificar” la enfermedad.

Recuerdo que en esos momentos no asumí el diagnóstico en toda su extensión. Ya me habían puesto la primera dosis de Zometa (ya que el exceso de cálcio -hipercalcemia- era lo que había provocado todos mis mareos y malestar) y estaba “eurofórica” de sentirme bien. La gravedad del diagnóstico fue calando después, poco a poco.

A finales de marzo empecé al tratamiento. Quimioterapia con Docetaxel, combinada con Trastuzumab y Pertuzumab, ya que mi cáncer era HER2+++, y zometa para las metas óseas (también tenía hepáticas). En las distintas pruebas de reevaluación la reacción era positiva y siempre estaba presente el sueño de conseguir una curación completa, desafiando a ese diagnóstico inicial.

Pero también llegaron los efectos secundarios, la caída del pelo, el cansancio brutal, las neutropenías febriles y las inyecciones para aumentar las defensas, una infección en una uña, etc. Además, resulta que uno de los medicamentos que me podía alargar la vida, el Pertuzumab, me daba alergia (más mala suerte), así que me lo tenían que poner en una pauta de desensibilización que duraba nada menos que siete horas.

En noviembre el peaje de la quimio ya era demasiado alto. La tuvimos que suspender y con ella se acabo el sueño de la curación. Desde entonces sigo con trastuzumab y pertuzumab cada 21 días y zometa ahora cada tres meses. La enfermedad sigue estable y mi objetivo es aprovechar estos momentos que tengo siguiendo la máxima de #momentosynocosas.

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No intento buscar nada bueno en este enfermedad. Es algo que no le deseo a nadie y me gustaría que fuera un mal sueño del que pudiera despertar. Pero no es así. Cierto es que ha supuesto un aprendizaje “por las malas”. Me ha enseñado a valorar lo que de verdad importa, a tratar de exprimir la vida al máximo. Pero también es cierto que la rutina es una losa que todo lo tapa y que es imposible vivir cada día como si fuera el último.

Mientras tanto, he encontrado en este blog y en este grupo de mujeres maravillosas, una terapia y una razón para la esperanza y para seguir luchando. Luchando por dar visibilidad a esta enfermedad y para reclamar más inversión, más recursos, más investigación.

Mi debut bajo las bambalinas de las máquinas radiológicas

Foto_Raquel¿Quién me iba a decir a mi que iba a debutar de esta manera? Mi historia se inició en el año 2014, en lo mas álgido de mi carrera profesional. Me encontraba estudiando un Máster de Práctica Jurídica, que me prepararía para afrontar mi ansiado debut en los estrados de los juzgados.

Tenía dos niños, de 2 y 5 años, una familia adorable y muchos muchos sueños por cumplir al lado de mi marido.

Durante todo el año estuve con dolores raros y no había dia que no me quejase de algo. Y es que tenía esclerosis múltiple y los dolores neuropáticos eran frecuentes, así que no podía quejarme.

El 16 de Septiembre de 2014, durante una revisión rutinaria, encontraron un bulto en la mama izquierda. Aquí empezó mi ida y venida entre las bambalinas de los tubos de las máquinas: TAC, resonancia magnética, gammagrafía… Unas bambalinas que se volverían mi rutina y la de mi familia.

Yo me preguntaba: ¿Qué me está pasando? Aquello no olía bien. Además, me tocó contar a los niños que mama se iba a quedar sin pelo y, aún no sé cómo, se me ocurrió decirles que Mamá se iba a quedar calva como Caillou, unos dibujos animados de un niño que estaba sin pelo… y a mi me vino al pelo, valga la redundancia.

Poco después se confirmó el peor diagnóstico, cáncer de mama con una metástasis… Y se puso en marcha todo el operativo familiar. Tengo detrás mía una cobertura impresionante. Somos una piña. Los adoro a todos y cada un@ tiene un papel muy definido que han ido desarrollando a la perfección en estos casi tres años de enfermedad, en los que han estado a mi lado tanto física como emocionalmente.

Después del diagnóstico, mi historia continuó con 6 sesiones de quimioterapia, en combinación con Pertuzumab, Trastuzumab y Zometa. Este cóctel de medicinas sirvió para parar aquel tumor que amenazaba con invadirme por completo. Después vinieron la operación, la radioterapia y la braquiteria, todo ello necesario. Todo era necesaria, así que había que asumirlo.

El verano de 2015 lo pasé relativamente tranquila. Después vinieron revisiones varias, de las cuales siempre había salido victoriosa hasta que, a finales de marzo de este año (2017) me hicieron una resonancia para comprobar el estado de mi esclerosis múltiple, a la cual tenía un poco olvidada. Aún así, siento que tengo mucho que agradecerle a mi “otra enfermedad” ya que, gracia a ella, me han “detectado a tiempo” el cáncer.

Cuando fui a recoger los resultados de la resonancia de marzo mi oncóloga me confirmó que había una pequeña metástasis en el cerebelo. De nuevo se puso en marcha todo el operativo familiar, con todo lo que conlleva. Actualmente, he superado una nueva operación con éxito y estoy a la espera de recibir 6 sesiones de radioterapia localizada, por precaución.

A lo largo de estos casi tres años he conocido a gente impresionante y muchas amigas que nos acompañamos cada 21 días en nuestra “vacuna”.

Pretendo seguir entre las bambalinas de las máquinas, que me fotografían por dentro y que tanto miedo me dan, muchos mas años.

Raquel