Resignación

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Mi historia comenzó en marzo del 2003, cuando me diagnosticaron mi primer cáncer de mama, del cual conseguí salir airosa tras entrar en un ensayo clínico. O al menos eso creía, ya que en junio de 2010, tan solo seis meses después de que mi marido falleciera a causa de un cáncer, me sufrí una recidiva. En la misma mama, en el mismo lugar.

A pesar de la adversidad, volví a coger el toro por los cuernos. Luchando por salir adelante por mi misma y por mis hijos (de 9 y 10 años respectivamente), conseguí hacerlo y librarme de nuevo de la enfermedad.

Creía que ahí acababa mi historia, pero no fue así. Aunque parezca increíble, en diciembre de 2012 diagnosticaron a mi hijo mayor un osteosarcoma de fémur. Luchamos y luchamos, pero apenas tres años más tarde (en agosto de 2015) falleció con tan solo 17 años.

Como si mi cuerpo no resistiera tanto dolor, se rebeló y en diciembre de 2016 el cáncer volvió a mi vida. Esta vez se trababa de un cáncer de hígado, metástasis. Por suerte, era operable y en marzo de este año me sometí a la cirugía. Ahora estoy con quimioterapia y este mismo lunes tendré el cuarto ciclo de seis.

Y esta es mi historia. Es muy impactante, lo sé. Yo misma no he podido evitar que me callesen de nuevo lágrimas al narrarlo, pero he de seguir adelante. No me queda otra. Tengo otro niño de 17 años y no me puedo permitir dejarle solo. Seguiré luchando con todas mis fuerzas. Tengo muchas y sé que saldré adelante.

Jacqueline

Sin mirar atrás

Mirar atrás no vale de nada. Ninguna va a recuperar a la mujer que fue. No es que sea pesimista, es que algo como esto te transforma. El pasado ya no importa y el futuro no merece la pena pensar en él. Una amiga me dijo: vosotras vivís más conscientemente. Todos tenemos riesgos. Nadie está libre. Puedes estar sano, entrarte algo fulminante e irte. Eso le pasó a una amiga mía. En un mes se fue. Ni se enteró de su leucemia. Yo elijo pelear hasta el final. Por mis hijos, mi marido y el resto de mi familia que me necesita y por mí. Hace cinco años me dije: no puedo vivir con el miedo de la recaída. Ahora me digo: no puedo vivir con el miedo a la muerte. Me pierdo demasiado por el camino. Así que a pelear.

Pilar

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A Flor

Fuiste la primera a enterarte de que se nos había ocurrido la idea de abrir el Blog. Recuerdo nuestra primera conversación. “Flor, necesitamos una foto que transmita VIDA y ESPERANZA”. Y listo, unas horas después me enviábas la que hoy es nuestra foto de cabecera. Una mujer, el mar, una mirada al horizonte, un cielo cubierto de nubes y, en la lejanía, los rayos tímidos del sol. Cuando me preguntaste si transmitía la vida y esperanza que queríamos, no dudé un instante. Nada más verla sentí aquella foto como una metáfora de nuestra propia vida, de nuestra convivencia con la enfermedad. Una vida en la cual, pese al cielo nublado, no dejamos de buscar a este sol que se esconde entre las nubes…Sol que son las pequeñas cosas de la vida que tanto hemos aprendido a amar, sol que es la esperanza de poder vivir un poco más, sol que es todo lo que da sentido a nuestro existencia, para unas unos hijos que crecen, para otras unos padres que se hacen mayores, un trabajo que llena, una vida que enamora.

Flor, hoy me han dicho que te has ido. Duele tu despedida. Pero me acompaña la certeza de que, aunque de otra forma, seguirás con nosotras. Porque cada vez que alguien entre a este Blog serán la esperanza y la vida que vieron tus ojos a darle la bienvenida.

Descansa en paz, amiga.

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Irene Mensa: “Ahora a los enfermos se les exige que sean positivos, y si no lo logran, se culpabilizan”

La psicóloga del Vall d’Hebron afirma que la tristeza, la rabia o el miedo forman parte del proceso de duelo y adaptación.

La psicóloga Irene Mensa atiende en el hospital del Vall d’Hebron a pacientes adultos con cáncer. Estima que entre un 30 y un 40% de estos enfermos presenta malestar emocional clínicamente significativo que requeriría de tratamiento psicológico. Leer más→