Hoy me permito estar triste

nube

Es inevitable estar triste hasta a veces muy triste en esta nueva vida.

Triste porque el nuevo tratamiento no funcionó, porque no te aceptaron en el estudio clínico en el que tantas esperanzas habías puesto o porque las pruebas radiológicas nos dan la mala noticia del avance de la enfermedad. Cuántas de nosotras sabemos tan bien lo que se siente?
Yo intento combatir ese estado. Sí, estado porque solo dura un tiempo y luego se transforma en algo mucho mejor, si le permitimos que nos enseñe la lección que toca.
Lo que me saca siempre una sonrisa es recordar cuando salía a bailar con mis amigas, cuando viajaba, el parto de mi hijo o la ilusión que me hacía la carrera de psicología que había empezado cuando estaba embarazada. Mi vida estaba siempre llena de acción y tenía tantos sueños. A mi encanta pensar en ese tiempo me ayuda a seguir, porque esos sueños no se han ido solo se han transformado en otros no tan ambiciosos pero sustanciosos, conscientes, y llenos de esperanza.

La tristeza es necesaria como cualquier otro sentimientos necesita su lugar para expresarse para poder pasar a lo siguiente y no quedarse estancada.
Dejar que fluya como el agua y también decirle adiós y ver como se aleja lentamente como una nube en un día de viento.  Sofía

 

 

Sin mirar atrás

Mirar atrás no vale de nada. Ninguna va a recuperar a la mujer que fue. No es que sea pesimista, es que algo como esto te transforma. El pasado ya no importa y el futuro no merece la pena pensar en él. Una amiga me dijo: vosotras vivís más conscientemente. Todos tenemos riesgos. Nadie está libre. Puedes estar sano, entrarte algo fulminante e irte. Eso le pasó a una amiga mía. En un mes se fue. Ni se enteró de su leucemia. Yo elijo pelear hasta el final. Por mis hijos, mi marido y el resto de mi familia que me necesita y por mí. Hace cinco años me dije: no puedo vivir con el miedo de la recaída. Ahora me digo: no puedo vivir con el miedo a la muerte. Me pierdo demasiado por el camino. Así que a pelear.

Pilar

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Reinventarse

imageCuando renunciamos a nuestras aficiones por convicción no pesa, quizás pensándolo da un poco de penita, de nostalgia, pero pasa pronto, al final es algo que hemos decidido; por ejemplo cuando dejamos de hacer deporte porque no tenemos tiempo, o cuando no cantamos más en ese coro porque nos pilla lejos, no leemos más porque hay demasiado bullicio en casa con los niños. Hay una lista de cosas a las que vamos renunciando porque queremos, porque preferimos hacer otras y entonces está bien, se echan de menos pero sin tristeza. El problema es cuando renunciamos a causa de nuestra enfermedad. Entonces si que da tristeza.

¿A cuántas cosas hemos de renunciar? A veces a pocas, otras a muchas, pero tenemos que pensar en que siempre hay algo nuevo que experimentar, que podemos encontrar aficiones nuevas que pueden provocarnos satisfacción y que no sabíamos que nos gustaban, cosas que con nuestra condición podemos hacer. Cada día podemos reinventarnos y descubrir de lo que somos capaces! No nos dejemos invadir por la nostalgia de lo que hacíamos, ni de la añoranza de lo que ya no podemos hacer, vivamos el aquí y ahora. @heiheise #mamaconmetas