Prejuicio

Prejuicios

Desde mayo llevo quimioterapia en vena y ahora quimioterapia oral que consiste en tomar 12 pastillas diarias. Además de ellas tengo que tomar con frecuencia cortisona para poder mantener a raya mi bilirrubina alta, la inflamación de mi hígado (a causa de la metástasis)o a veces para aliviar el dolor cuando los analgésicos no hacen efecto. La dexametasona me pone la cara como un globo, como un bebé de 8 meses muy gordito y tierno. A causa de esto he escuchado muchos tipos de comentarios, desde la recepcionista de oncología de mi hospital preguntándome si había comido mucho estos días o una conocida que no veía hace mucho, insinuándome que porqué me había descuidado tanto de mi aspecto con lo que me gustaba a mí arreglarme y verme guapa.

De verdad tenemos que escuchar esto? En serio? Este tipo de comentarios aparecen por la desinformación, por prejuicios personales o por la idea tan equivocada que se tiene de una paciente oncológica en constante tratamiento. Yo quiero acabar con eso, y creo que entre todos lo podemos lograr, hablando con naturalidad y sin valorar, preguntando amablemente las cosas que queremos entender. Quiero que sean cada vez más personas la que nos brinden su mirada de apoyo y no una mirada de incomprensión o miedo.

Me miro al espejo y yo sonrío, escucho mi voz y yo sonrío. Porque a pesar de que las quimioterapias vayan cambiando mi cuerpo y mi apariencia, veo en mi mirada un brillo especial que solo se apagará el día de mi muerte y ni un día antes porque soy feliz de estar “aquí”, de que la vida me regale momentos felices y llenos de belleza cada día!

Sofía

Subidas y bajadas

-No se levante, aún no hemos terminado.
-Por…¿por qué? ¿Algo no va bien?
-El médico quiere otras imágenes
-Entiendo. Algo no va bien.

Mi cáncer y yo llevamos 26 meses juntos y ya nos conocemos. Aun así, siempre consigue sorprenderme.
En estos 26 meses he hecho diez gammagrafías óseas,  una prueba que consiste en que te inyectan un líquido radioactivo y al cabo de 2 horas te meten en una especie de fotocopiadora gigante y te fotocopian. El resultado es una imagen de tu esqueleto en la cual, si hay metástasis, se observan unas zonas más luminosas. Esto es debido a que las metástasis captan más radioisótopos que el hueso sano.

Mientras estás en la fotocopiadora ves cómo tu esqueleto se va dibujando en una pantalla. Las primeras veces que haces esta prueba, todo te parece igual. Pero con el tiempo y la experiencia, vas desarrollando una cierta habilidad en intuir con antelación cómo ha ido la prueba.

-Hay algo en la mandíbula, ¿verdad? 

-Sí 

-¿Metástasis? ¿Necrosis por el Zometa? (El Zometa es un fármaco que se toma en caso de metástasis óseas, que tiene como efecto secundario la osteonecrosis de la mandíbula).

-Pueden ser muchas otras cosas.

Seamos realistas. Tengo cáncer de mama con metástasis repartidas por el cuerpo. Llevo dos años tomando Zometa cada 3 semanas. ¿Cuántas probabilidades hay de que esta “new entry”  sea “muchas otras cosas”?

El técnico se va de la sala mientras me repiten la prueba, y me quedo sola, en la fotocopiadora, con la new entry. Empiezo a pensar. Pienso en estos últimos tres meses sin quimio, los primeros después de dos años seguidos de tratamiento. Pienso en cuánto he disfrutado viéndome otra vez capaz de llevar una vida normal. Sin náuseas, sin tanto cansancio, con la cabeza despejada, con ideas y ganas de llevar adelante proyectos. Recuerdo uno por uno los momentos vividos desde aquel 21 de noviembre cuando la doctora me dijo, contra toda expectativa, “la enfermedad está estable, ahora podemos parar la quimio”. Sabía que la despedida sería temporal, pero aun así me sentía eufórica y libre, como si me hubieran dado el alta. Sentí una emoción parecida a la que sientes cuando te regalan algo que deseas mucho y que nunca hubieras imaginado llegar a tener.

Este es el cáncer metastásico. Subidas y bajadas. Momentos en los que la enfermedad te deja respirar y cargar pilas, y momentos en los que hay que volver a coger el toro por los cuernos.

Y entre altos y bajos, te enseña que no hacen falta grandes cosas para disfrutar de la vida. Solo el hecho de estar vivos para poderla vivir, de por sí, es una gran cosa.

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A seguir buscando el sol entre las nubes (Barcelona, febrero 2017)

Un día de espera

Hoy me he levantado más temprano de lo normal, hoy tenía cita para conocer los resultados de mi última gammagrafía osea. Estaba impaciente y nerviosa quería que el tiempo volara y llegara el final de tanta espera que no son horas sino días, días interminables en los que hay que controlar los pensamientos y tranquilizar a la mente.

He llegado temprano y después de registrarme he pasado a sentarme a esperar, estaba tan nerviosa que no me apetecía hacer nada, solo mirar a las otras mujeres que como yo, estaban ahí esperando y entre tanto me sentía  como un condenado a muerte en espera de que le digan si va a vivir o morir, quizás suene dramático pero cualquier paciente con metástasis sabe que no exagero. Al final la espera termina y puedo entrar a consulta, el médico me saluda sonriente, me dice que todo está bien y ala hasta la próxima! Yo me levanto, cojo la hoja con los resultados y me marcho a casa, entre feliz y desconcertada trato de leer los resultados con tanta palabrería que no entiendo, así que salto y salto y por fin leo casi al final que no hay  ninguna metástasis nueva, entonces me siento en el auto, me doy un respiro y me quedo mirando a través de la ventana como llueve y entra en mi un pensamiento: ¿por qué si me veo tan bien, tan normal como cualquiera, por qué entonces el examen médico dice que soy una de esas mujeres del 20%, esas mujeres desafortunadas que les ha tocado la suerte de tener metástasis? ¿Será verdad o es que todo ha sido un error? Me entra la duda y entonces busco el móvil en la bolsa para comprobar que el médico no me ha llamado para decirme que todo ha sido un error, que yo no soy de las del 20% , que yo ya sufrí y luché bastante, que yo sigo estando bien y del lado de las mujeres que se curan, de esas del 80% de las que todo el mundo habla, de las que un día fui parte,  pero eso no sucede ni sucederá,  tengo que aceptarlo, soy una mujer de 41 años con metástasis oseas y mi vida no va a volver a ser igual.