Las 2 caras del cáncer

Captura de pantalla 2017-08-09 a las 19.12.04

Cuando hablo de mi cáncer siempre digo que tiene muchas cosas malas, ya que es una auténtica putada que con 35 años te diagnostiquen cáncer de mama y con 37 metástasis.
Pero también digo que el cáncer me ha enseñado muchas cosas, que tal vez y solo tal vez, no habría aprendido o valorado si esta enfermedad no hubiera invadido mi vida.
Está claro que cuando dices que el cáncer te ha enseñado cosas, mucha gente se echa las manos a la cabeza (la mayoría que no han padecido cáncer). Pero en mi caso es así, yo pasaba por la vida a mil por hora, quejándome de cosas que ahora me parecen insignificantes y sin darme cuenta el valor que tiene un día, una hora o un minuto de nuestras vidas.
Por eso creo que el cáncer tiene dos caras: la del dolor, desesperación, impotencia, rabia….Y la que te enseña a vivir, sacar fuerzas, coraje, valorar la vida y a quien te rodea.
Te pone a prueba en lo bueno y en lo malo.
Así que, querido cáncer, ya nos has enseñado todo lo que teníamos que aprender, ahora te toca irte por donde has venido porque estamos listas para VIVIR!

Vanesa

Cicatrices

Una cicatriz por si sola no dice nada. Hay cicatrices que cuando las vemos nos hacen recordar que son producto de un momento feliz, de un recuerdo de la infancia, por ejemplo, que cuando lo contamos nos reímos y lo volvemos a vivir con agrado. Pero hay otras que llevan tras de sí una historia de vida, de un constante seguir y esas dicen mucho.

De este último tipo son las mías; no diré que las llevo con orgullo, pero sí con dignidad. He llorado cada una, cada una me ha dolido, pero cada una representa un día más en donde todo puede ser mejor, un día más de esperanza, un día más en que me he permitido soñar que todo estará bien.

Estas cicatrices van cambiando con el tiempo, se van atenuando como si se fueran relajando, ya no son de ese color intenso del principio, ya no se ven tan abultadas, van uniéndose a mi piel, haciéndose notar menos, como si estuviesen avergonzadas de estar ahí, de haber destruido un poco ese equilibrio entre lo perfecto y lo imperfecto. Ya no las miro con miedo e incluso la mayoría de las veces olvido que están ahi.

Ellas son las que me avisan cuando el clima va a cambiar, me producen un ligero dolor que al principio me asustaba y me hacía imaginar las peores cosas, los peores pronósticos médicos. Ahora he aprendido que es solo un aviso de que el clima va a cambiar, de que lloverá o incluso caerá una nevada. Tengo cicatrices con historia que miden la temperatura, ¡Y hoy me han dicho que lloverá seguro!

image

Queda mucho por vivir

Carmen tiene cáncer de mama metastásico. Además, tiene una hija estupenda, que quiso hacer a su madre protagonista de su propio cumpleaños, dedicándole estas palabras el día que sopló las velas de su 29 cumpleaños.

Foto_Carmen

Sé que no estás pasando por el mejor momento. Sé que está siendo muy difícil y por eso me he decidido a escribirte esto públicamente: una declaración de amor, justo un día y 29 años después de haberme traído al mundo (¡Qué valentía la tuya mamá!)

Porque te quiero y eso es algo que debes saber. Y espero que al saber que te necesito a mi lado, como siempre has estado, encuentres esas fuerzas que has perdido con tanto sufrimiento.

Porque sé que has sufrido y estás sufriendo y comparto ese dolor. Si acaso se te olvida, quiero recordarte que estaré aquí mismo a tu lado en todo momento hasta que esto termine y vuelvas a tener ganas de sonreír. Entonces seguiré a tu lado y me ocuparé de que sonrías, de que disfrutes de la vida y de que te rías del mundo

Y es que prefiero mirar al futuro, porque el presente es oscuro. Pero vamos a superar este presente juntas, a convertirlo en pasado, lo más borroso posible hasta que estos días horribles sean solo una anécdota. Mientras tanto, mientras llega el futuro, intentaré ocuparte los días con un poquito de alegría cada día.

Pero te pido algo, corazón, te pido que seas fuerte, que mantengas la esperanza y que sigas luchando para que todo vuelva a su lugar. Sé que lo conseguirás, sé que tienes ganas de levantarte, de salir a la calle, de ver el sol y hasta de mojarte en una tormenta. Y yo estará a tu lado.

Te quiero.

Un infierno oculto

Soy María y tengo 40 años. Mi historia comienza hace muchos años; exactamente, el 1998, cuando dejé de amamantar a mi primer hijo, el cuál nació cuando yo era muy jovencita (tenía 18 años).

Me noté un bulto en la mama derecha, así que concerté cita con una ginecóloga que me dijo que no era nada, que seguramente era de leche y que se disolvería solo. Así que me quedé muy tranquila y seguí con mi vida, pero el bulto jamás desapareció.

Durante el año 2013 empecé a notar presión en el mismo pecho y me asusté. Me sentía desconcertada y no sabía qué hacer, pero opté por callar y no darle importancia hasta que, un año después mientras me duchaba, noté que el bulto que supuestamente no había cambiado en tantos años, había doblado su tamaño.

En ese momento supe con certeza lo que tenía, ya que mi corazón así me lo decía. Pero, nuevamente, callé. Callé por miedo y porque no quería aceptar todo el cambio que eso iba a generar en mi vida y en mi familia.

Además, en ese momento, estaba sumida en un profunda depresión por motivos de salud de mi hijo menor.

Todo ello me llevó a cometer el peor error de mi vida. Decidí que dejaría que la enfermedad siguiera su curso mientras disfrutaba con mi familia de todo lo que pudiera, porque pensaba que, tarde o temprano, ya no podría hacerlo.

Siento tener que contar lo que viene ahora, ya puede herir susceptibilidades; lo sé. Pero prometo que lo hago porque es una liberación para mí, ya que esta historia, mi historia real, no he podido contársela a nadie, ni siquiera a mi oncóloga.

Mi pecho siguió enfermando y pasando por todos y cada uno de los síntomas que se detallan en las campañas de prevención. Muy pronto también detecté un bulto en el otro pecho (el izquierdo) y ahí comenzó lo peor, ya que empezó a crecer de una manera descomunal. Llegó el verano de 2016 y sentía unos dolores terribles que cada vez iban a peor. Yo aguantaba lo que podía para que nadie lo notara, pero las noches eran horribles y muchas veces quería que, simplemente, mi corazón dejara de latir para ya no sufrir más.

Diciembre, enero y febrero fueron unos meses de mucho dolor físico, pero sobre todo de un estado mental límite. Seguir llevando la enfermedad oculta era, simplemente, demasiado para mí y sentía que me iba a volver loca. Tenía los nervios destrozados, no dormía y vivía en una soledad inmensa. Que se supiese se estaba convirtiendo en una necesidad de vida o muerte.

El 20 de febrero no había dormido nada ( mi pecho estaba ya ulcerado y hasta sangraba), así que decidí hablar con mi marido, que me llevó a urgencias. Allí, como os podéis imaginar, todos las enfermeras y doctores se quedaron muy impactados al ver mi pecho y el diagnóstico fue prácticamente inmediato: cáncer de mama con metástasis en torax y axilas. Después del TAC también se confirmó la presencia de metástasis en huesos y pulmones.

A día de hoy, voy por el 4º ciclo de quimioterapia. Llevo una vida muy tranquila ya que el tumor se ha reducido muchísimo y no tengo nada de dolor, por lo que puedo hacer vida casi normal, si no fuera por el cansancio.

He vivido este cáncer seguramente muy distinto a cualquier otra mujer. Muchas veces me siento culpable, otras siento mucha pena por mí misma y otras, simplemente, siento que la vida es así y no hay que buscarle otra explicación.

Mi lema hoy en día es que la vida y la muerte son algo natural y hay que aceptarlo serenamente.

fear-chasing.jpg