Amor que cura y leche materna

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¿Cuántas veces os han demostrado amor incondicional? Familiares, amigos…En nuestro proceso de curación creo que es importante. Pues me gustaría hablar de un gesto de amor que se ha convertido y demostrado ser un arma más para mejorar las defensas del cuerpo humano.
Quiero agradecer a Noélia y Erika, gracias mamas por proporcionarme leche materna durante la lactancia de vuestros bebés. Tengo la suerte de tener dos bebés cercanos que beben leche de sus mamis. Están sanos y llenos de felicidad. Les llamo mis hermanos de leche. Ellos son Eren y Gael, son tremendamente guapos y especiales para mí. Tienen una inocencia que me impacta, sus rostros llenos de amor cuando ven a sus mamas. Cuando las miran, su amor es tan puro que aprendes del amor incondicional, ese amor que cura, que es salud, que es vida.
Yo aprendí de ese amor el día que nació mi hijo. Tanto aprendí ese día… Siempre recordaré su manita recogida a mi brazo al salir de la sala de partos.
Fue un parto provocado, así que mis deseos de experimentar un parto natural no fueron posibles.Tampoco pude experimentar mi deseo de amamantarlo, pues tuve que empezar con quimioterapia. Me costó la aceptación de todo, pero había que solucionar un problema. Mi diagnóstico de cáncer de mama durante el embarazo fue espantoso pero mi felicidad de tener a mi hijo lo superaba todo. La administración de la quimioterapia no permitió poder amamantar a mi bebe por su toxicidad. Me costaba aceptar cada paso pero tenía que comprender que empezaba mi lucha de supervivencia y tenía un bebe en mis brazos!!
Han pasado 3 años, tengo un hijo precioso. Mi lucha sigue con varias metástasis, he pasado varias situaciones. Pero recuerdo esos días de hospital, esos días de nacimiento, llenos de olor a vida y pura felicidad. Lo recuerdo como el más feliz de mi vida. Mis deseos de un proceso de nacimiento y lactancia natural no pudieron ser posibles, pero lo cambiamos por el piel con piel, amor, caricias, miradas, biberones,… Eso hice para reemplazar mi leche contaminada por quimioterapia.
Hoy por hoy, yo recibo de ésta leche que la considero cómo oro. Comparto mi experiencia con vosotros por si tenéis oportunidad. Sube mis defensas y sigo con mi tratamiento oncológico.
Éste texto lo dedico a madres que pueden ayudar a pacientes oncológicos con éste gesto tan bonito, también a Erika y Noélia por su dedicación y a mis hermanitos de leche.
Mucha luz a todos en nuestro camino hacia la felicidad.

Quimioterapia, el gran enemigo amigo

La quimio, Ja, dicen que han hecho muchos progresos.

Sí, seguro que sí, pero en dónde creo que no se ha progresado mucho ha sido en los efectos secundarios, hay quimios que nos dejan vomitando, calvas, con dolor en los pies, con uñas negras y si no se caen ya puedes dar gracias, débiles, con dolores musculares, sin fuerza y con una tremenda mala leche en el cuerpo, también nos dan depresiones, insomnio, acidez, sabor metálico, como si estuviéramos chupando todo el rato una moneda, nos vuelve vulnerables a las infecciones (parecemos hipocondríacas) si alguien estornuda al lado nuestro, sofocos, cansancio y un largo sin fin que no acabaría nunca…¿y se supone que hay que tomarlo FELIZMENTE???? En serio????

Sí que es verdad, que ese veneno nos alarga la vida, nos dan chutes de esperanza, conocemos a gente maravillosa, por esta enfermedad se nos van las tonterías, pues sabemos y aprendemos a priorizar en la vida, a sacar y estrujar los momentos buenos y felices de ésta, a no estar comiéndonos la cabeza por cosas que no tienen importancia, por ejemplo esos Kg de más, el corte de pelo que me han hecho y no me gusta, o me encanta ese vestido pero no puedo pagarlo y me fustro, y un largo etc. de tonterías, gracias a esta sociedad de consumismo desmedido…

Tengo que reconocer que he aprendido a vivir, sí a VIVIR, da igual el tiempo que nos quede, hay que aprovechar cada segundo de la vida, así que digo en voz alta GRACIAS QUIMIOTERAPIA, porque me estás dando un tiempo muy valioso.

 

Subidas y bajadas

-No se levante, aún no hemos terminado.
-Por…¿por qué? ¿Algo no va bien?
-El médico quiere otras imágenes
-Entiendo. Algo no va bien.

Mi cáncer y yo llevamos 26 meses juntos y ya nos conocemos. Aun así, siempre consigue sorprenderme.
En estos 26 meses he hecho diez gammagrafías óseas,  una prueba que consiste en que te inyectan un líquido radioactivo y al cabo de 2 horas te meten en una especie de fotocopiadora gigante y te fotocopian. El resultado es una imagen de tu esqueleto en la cual, si hay metástasis, se observan unas zonas más luminosas. Esto es debido a que las metástasis captan más radioisótopos que el hueso sano.

Mientras estás en la fotocopiadora ves cómo tu esqueleto se va dibujando en una pantalla. Las primeras veces que haces esta prueba, todo te parece igual. Pero con el tiempo y la experiencia, vas desarrollando una cierta habilidad en intuir con antelación cómo ha ido la prueba.

-Hay algo en la mandíbula, ¿verdad? 

-Sí 

-¿Metástasis? ¿Necrosis por el Zometa? (El Zometa es un fármaco que se toma en caso de metástasis óseas, que tiene como efecto secundario la osteonecrosis de la mandíbula).

-Pueden ser muchas otras cosas.

Seamos realistas. Tengo cáncer de mama con metástasis repartidas por el cuerpo. Llevo dos años tomando Zometa cada 3 semanas. ¿Cuántas probabilidades hay de que esta “new entry”  sea “muchas otras cosas”?

El técnico se va de la sala mientras me repiten la prueba, y me quedo sola, en la fotocopiadora, con la new entry. Empiezo a pensar. Pienso en estos últimos tres meses sin quimio, los primeros después de dos años seguidos de tratamiento. Pienso en cuánto he disfrutado viéndome otra vez capaz de llevar una vida normal. Sin náuseas, sin tanto cansancio, con la cabeza despejada, con ideas y ganas de llevar adelante proyectos. Recuerdo uno por uno los momentos vividos desde aquel 21 de noviembre cuando la doctora me dijo, contra toda expectativa, “la enfermedad está estable, ahora podemos parar la quimio”. Sabía que la despedida sería temporal, pero aun así me sentía eufórica y libre, como si me hubieran dado el alta. Sentí una emoción parecida a la que sientes cuando te regalan algo que deseas mucho y que nunca hubieras imaginado llegar a tener.

Este es el cáncer metastásico. Subidas y bajadas. Momentos en los que la enfermedad te deja respirar y cargar pilas, y momentos en los que hay que volver a coger el toro por los cuernos.

Y entre altos y bajos, te enseña que no hacen falta grandes cosas para disfrutar de la vida. Solo el hecho de estar vivos para poderla vivir, de por sí, es una gran cosa.

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A seguir buscando el sol entre las nubes (Barcelona, febrero 2017)

Un día de espera

Hoy me he levantado más temprano de lo normal, hoy tenía cita para conocer los resultados de mi última gammagrafía osea. Estaba impaciente y nerviosa quería que el tiempo volara y llegara el final de tanta espera que no son horas sino días, días interminables en los que hay que controlar los pensamientos y tranquilizar a la mente.

He llegado temprano y después de registrarme he pasado a sentarme a esperar, estaba tan nerviosa que no me apetecía hacer nada, solo mirar a las otras mujeres que como yo, estaban ahí esperando y entre tanto me sentía  como un condenado a muerte en espera de que le digan si va a vivir o morir, quizás suene dramático pero cualquier paciente con metástasis sabe que no exagero. Al final la espera termina y puedo entrar a consulta, el médico me saluda sonriente, me dice que todo está bien y ala hasta la próxima! Yo me levanto, cojo la hoja con los resultados y me marcho a casa, entre feliz y desconcertada trato de leer los resultados con tanta palabrería que no entiendo, así que salto y salto y por fin leo casi al final que no hay  ninguna metástasis nueva, entonces me siento en el auto, me doy un respiro y me quedo mirando a través de la ventana como llueve y entra en mi un pensamiento: ¿por qué si me veo tan bien, tan normal como cualquiera, por qué entonces el examen médico dice que soy una de esas mujeres del 20%, esas mujeres desafortunadas que les ha tocado la suerte de tener metástasis? ¿Será verdad o es que todo ha sido un error? Me entra la duda y entonces busco el móvil en la bolsa para comprobar que el médico no me ha llamado para decirme que todo ha sido un error, que yo no soy de las del 20% , que yo ya sufrí y luché bastante, que yo sigo estando bien y del lado de las mujeres que se curan, de esas del 80% de las que todo el mundo habla, de las que un día fui parte,  pero eso no sucede ni sucederá,  tengo que aceptarlo, soy una mujer de 41 años con metástasis oseas y mi vida no va a volver a ser igual.

 

El otro 20%

Durante la semana dedicada al cáncer de mama se publican muchas cosas. Por ejemplo, algunos vídeos muy interesantes con el testimonio de mujeres que se han enfrentado a la enfermedad. Una iniciativa que sin duda ayuda a muchas mujeres que están pasando por lo mismo, porque el ver reflejadas las propias emociones y preocupaciones en otros y descubrir cómo han sabido gestionarlas, siempre da mucha luz.
Sin embargo ya el año pasado me llamó la atención el silencio que durante esta semana se genera en torno al cáncer de mama metastásico. Ni un artículo de periódico. Ni una entrevista. Ni un vídeo con el testimonio de alguna mujer que explique su experiencia.
Me pregunté por qué si en España hay alrededor de unas 25.000 mujeres con cáncer de mama metastásico, durante esta semana casi no se habla de ellas. ¿Acaso las que tenemos un cáncer de mama metastásico no necesitamos sentirnos identificadas con quienes se enfrentan a este diagnóstico y conocer cómo se puede vivir el día a día de la enfermedad (que poco tiene que ver con el día a día de la enfermedad diagnosticada en otros estadios)?

Yo entiendo que la palabra “metástasis” asusta y que tampoco es cuestión de sembrar el pánico. Lo que digo es que el cáncer de mama metastásico es una realidad que, aunque afecte solo al 20% de las mujeres con cáncer de mama, también existe. Pero hay mucha desinformación en torno al tema. Demasiada.

En estos dos años he conocido a mujeres con cáncer de mama metastásico que han sido y son pilares de fortaleza y entereza. ¿Por qué en esta semana no podemos contar también su historia? Quizá ayudaría a mucha gente. Como mínimo a unas 25.000 mujeres. Porque si cuando te diagnostican un cáncer se te cae el mundo encima, cuando te diagnostican un cáncer metastásico, lo que se te cae encima es el Sistema Solar entero, y también necesitamos de alguien que nos demuestre que, aun así, podemos seguir viviendo, quizá menos de lo que nos hubiera gustado, claro, pero con las mismas ganas y dignidad.

Así que este post quiero dedicarlo a Francis, Rosa, Carolina, Vero, Merche, Meri, Tatiana, Neus, Sandra, Anna Lisa…y como no, a ti Francisca.
Porque con vuestras historias de años de lucha me habéis demostrado que se puede aprender a convivir con la enfermedad.
Sí, vosotras, las que no podéis hablar del cáncer como un “paréntesis” en vuestra vida, sino más bien como un punto y a parte, que ha marcado el final de una etapa donde todo era más fácil, y el comienzo de otra en la cual, cada día, toca batallar contra el dolor físico y psicológico para hacer algo que se parezca lo más posible a una vida normal.
Vosotras, las que os conocéis cada rincón del hospital, los nombres de los enfermeros, los números de las consultas, los precios de la cafetería, las historias de otros pacientes, los tipos de tratamientos, y a quienes los técnicos de las pruebas saludan con un -¿Qué?¿Otra vez por aquí? Sois vosotras las que me habéis enseñado a no dejar que el temor nos quite más de lo que ya nos ha quitado el cáncer.
Sí, vosotras, las del otro 20%. Aquel 20% que lucha aunque las estadísticas digan que somos el porcentaje que “perderá la batalla”. Pero es que los pronósticos no saben una cosa: que aun así, nuestra esperanza es más fuerte que nuestro miedo.