Nueva etapa

10 meses y 19 días.

36 sesiones semanales de taxol, 12 ciclos.

16 sesiones de inmunoterapia, y las que me quedan(espero).

Hoy ha llegado el día de finalizar la quimio… que sensación más rara… entre miedo y euforia… ahora solo me queda cruzar los dedos 🤞🏻 y confiar que el tratamiento sea efectivo, que si no hay remisión por lo menos haya estabilidad “Virgencica que me quede como estoy”…y pensar que me va durar muchos años (ojalá), y mientras tanto ir ganando tiempo para que encuentren otro tratamiento que nos cronifiquen esta mierda de enfermedad, y pueda, podamos, vivir muchos muchos años más.

Quiero VIVIR, vivir con calidad.

Yo seguiré repitiendo mi mantra todas las noches…remisión… remisión… remisión…

Y pidiendo a mis Hados, santos , vírgenes y dioses que me ayuden en esta carrera de fondo, que pueda recorrer un camino lo más largo posible.

Porque así es como me siento. No soy una luchadora, ni una guerrera, ni una heroina… no, nada de eso. Me siento como una corredora de fondo, una carrera donde no estoy sola, dentro me acompañan otras corredoras, y fuera están toda la gente que nos quiere.

Allí, en esta carrera, cuando lo necesitamos nos encontramos zonas de avituallamiento (nuestros tratamientos).

También conocemos a otras compañeras, nos juntamos y nos sentimos más fuertes.

Otras veces tenemos que decir adiós a otras 😢😢.

A veces el camino se empina, y ufffff que duro es entonces… pero otras veces es llano y con esperanza, esperanza de poder terminar la carrera y hacer todo el recorrido.

Bueno, espero que el camino que empiezo hoy sea llano y con un paisaje precioso, y que dure mucho mucho tiempo, y sobretodo sin más despedidas que es muy duro.

#masinvestigacionparamasvida

#nosoyunlazorosa

#cancerdemamametastasico

#dontignorestageiv

Prejuicio

Prejuicios

Desde mayo llevo quimioterapia en vena y ahora quimioterapia oral que consiste en tomar 12 pastillas diarias. Además de ellas tengo que tomar con frecuencia cortisona para poder mantener a raya mi bilirrubina alta, la inflamación de mi hígado (a causa de la metástasis)o a veces para aliviar el dolor cuando los analgésicos no hacen efecto. La dexametasona me pone la cara como un globo, como un bebé de 8 meses muy gordito y tierno. A causa de esto he escuchado muchos tipos de comentarios, desde la recepcionista de oncología de mi hospital preguntándome si había comido mucho estos días o una conocida que no veía hace mucho, insinuándome que porqué me había descuidado tanto de mi aspecto con lo que me gustaba a mí arreglarme y verme guapa.

De verdad tenemos que escuchar esto? En serio? Este tipo de comentarios aparecen por la desinformación, por prejuicios personales o por la idea tan equivocada que se tiene de una paciente oncológica en constante tratamiento. Yo quiero acabar con eso, y creo que entre todos lo podemos lograr, hablando con naturalidad y sin valorar, preguntando amablemente las cosas que queremos entender. Quiero que sean cada vez más personas la que nos brinden su mirada de apoyo y no una mirada de incomprensión o miedo.

Me miro al espejo y yo sonrío, escucho mi voz y yo sonrío. Porque a pesar de que las quimioterapias vayan cambiando mi cuerpo y mi apariencia, veo en mi mirada un brillo especial que solo se apagará el día de mi muerte y ni un día antes porque soy feliz de estar “aquí”, de que la vida me regale momentos felices y llenos de belleza cada día!

Sofía

Después de…

Después de todos estos años, el día llegó. Ese día que tantas veces imaginé, en el que tantas energías invertí. Llegó. Imparable.

No sabía si era cierto. Supongo que tantos años en la cuerda floja te anestesia. Pero algo en mí se movió cuando entré a verla. Algo ocurría en su rostro: “Esa mueca es nueva”, pensé. Y no me equivocaba. En su caso, era la señal de que su tiempo estaba llegando al final. Pudimos despedirnos. Y sin miedo diré que fue maravilloso: una muerte digna, llena de amor. Un amor tan infinito y puro que te llena el alma cuando lo sientes. Y ahora que no está, esa sensación se hace todavía más inmensa.

Pensé que después de ese trance todo se calmaría; como si lo más difícil ya hubiera pasado. Pero la realidad fue otra: “Te sentirás vacía”, “Te toca ser fuerte”, “Tienes que obligarte a salir”. Menuda oleada de titulares. No es suficiente con lo que ya tienes sino que, además, tienes que cumplir con las expectativas que la sociedad te marca. Y si se le contradice, la que tienes un problema eres tú: “La muerte de su madre le ha afectado demasiado”.

No, querida sociedad. No quieras tapar la realidad. Que no te dé miedo la pena y el dolor. Está bien tocar fondo si es necesario. Ambos son esenciales para liberar el cuerpo y la mente. Sin ellos viviríamos en nuestra propia cárcel ¿no crees? Y eso sí que no sería vivir.
Tampoco me exijas que sea fuerte. ¿Acaso no serlo me perjudica? Esos términos no son válidos aquí. Lo que importa, lo que sí existe, es la individualidad; no quieras que todos reaccionemos de la misma manera. No establezcas lo que tengo que sentir. Deja que me sienta desorientada, desubicada, perdida para que después me pueda volver a encontrar. Se necesita tiempo y espacio ya que experimentar una pérdida así, te convierte en una persona distinta con una idea de la vida que no todos saben ver.
Aunque te pueda resultar extraño, tampoco me siento vacía. Mi alma está llena de paz. Me siento protegida porque puedo ver a mi madre en toda la belleza que me rodea. En todo lo hermoso… allí está ella. Y no, no se me desgarra el alma por no tenerla a mi lado, aunque tú no lo entiendas. Pero deja que lo sienta así y no lo juzgues. No ME juzgues.

Porque, después de todo, cada uno tiene que vivir acorde a sus sentimientos y vivencias. Sin compararse sino respetándose (tanto a uno mismo como a los demás). Curiosamente, ese mensaje es el que mi madre nos ha ido transmitiendo lo largo de su vida pero que, para mí, ha estado oculto hasta el día de hoy. Ahora, por fin, lo he comprendido.

Aunque no estén con nosotros, nos seguirán enseñando grandes verdades de la vida.

Por eso, solo puedo decirte: GRACIAS, mamá.

Patricia Rivas

¡A mi cáncer!

img_3645

Hoy me toca dar un nuevo paso junto a ti.

Hoy me toca volver a maldecir el día que te conocí.
desde que entraste en mi vida no me has dado un poco de respiro.
No me has dejado relajarme.
Desde que te conocí empecé a odiar el rosa y hoy quisiera serlo.
Hoy me entrego de nuevo a ti para ver si consiguen erradicarte de mi.
Por lo menos dame tregua, déjame que disfrute de mi familia en paz unos meses sin tener que verte cada vez que me miro al espejo.
Cuanto dolor causas a los enfermos y a los familiares.
Quisiera despertarme un día y no acordarme de ti , pero eres el centro de mi vida. Como te has apoderado de ella? ya siento que soy tu esclava, me arrastro por el lodo del dolor y de la impotencia que me causas… es una vida hipotecada y maltratada psicológica y físicamente como me puedes…yo que hasta hace nada me subía a los arboles con mis niet@s y ahora no soy capaz de dar dos pasos seguidos sin tenerme que coger al brazo de alguien.
Como me has vencido, como me has derrotado y encima pidiéndole a dios que me la enfermedad se cronifique con un poco de mas investigación estaría mejor pero no se que ocurrirá.
Hoy me entrego de nuevo a ver que ocurre y mañana por la tarde veré el resultado en el espejo.

Hasta luego Cáncer
Aurora

El cáncer te cambia…o no

cambiar

Mostramos a los demás la punta del iceberg de lo que somos, guardamos tantos secretos de nosotros mismos que en determinadas circunstancias la verdad se nos presenta ante nuestros ojos y decimos “yo no sabía que era así” o “parece otra persona” aunque siempre o casi siempre somos los mismos.

Dicen que los hechos traumáticos te cambian aunque en la mayoría de la veces el tiempo sitúa todo en su lugar. Cambias -no todos- algunos aspectos pues es inevitable ya que ni siquiera somos los de ayer, pero la esencia de lo que somos está en tu interior y al final para Ser debes sacar a la luz el resto del iceberg.

La acción del cambio, de la modificación de nuestra conducta no aparece de manera milagrosa con el acto, es algo que nos pertenece a nosotros. Si no actuamos procurando cambiar, seguiremos siendo los mismos pero con otra máscara que se adecue a la nueva situación.

La gente dice que tener un cáncer te cambia. Pues no, nada te transforma si tú no quieres o simplemente te quedas pasiva como esperando ese nuevo yo que vendrá caído del cielo. Tener esta enfermedad no te da un plus de bondad sobrevenida, no confiere una personalidad destacable por encima del resto, no mutan los sentimientos negativos en positivos…nada de eso ocurre si tú no quieres. Podemos engañarnos pero somos lo que somos y la cuestión es comprender lo qué te ocurre y desear modificar, e incluso eliminar, aquellos aspectos que no te ayudan en este nuevo “camino” o simplemente son desechables por sí.

Es cuestión de aprovechar la dura circunstancia para conocerte a ti misma, valorar y definir quién quieres ser ahora ( al fin y al cabo cambiar no conlleva un propósito más que el propio hecho de hacerlo) y liberarte de lo que es innecesario para poder vivir estos momentos en paz. ¡Claro que he cambiado! pero aquellos que me conocen saben que sigo siendo la misma persona y quizás la cuestión no sea sacar a la luz todo el iceberg sino en convertirte en un pequeño trozo de hielo.

Olivia