El cáncer te cambia…o no

cambiar

Mostramos a los demás la punta del iceberg de lo que somos, guardamos tantos secretos de nosotros mismos que en determinadas circunstancias la verdad se nos presenta ante nuestros ojos y decimos “yo no sabía que era así” o “parece otra persona” aunque siempre o casi siempre somos los mismos.

Dicen que los hechos traumáticos te cambian aunque en la mayoría de la veces el tiempo sitúa todo en su lugar. Cambias -no todos- algunos aspectos pues es inevitable ya que ni siquiera somos los de ayer, pero la esencia de lo que somos está en tu interior y al final para Ser debes sacar a la luz el resto del iceberg.

La acción del cambio, de la modificación de nuestra conducta no aparece de manera milagrosa con el acto, es algo que nos pertenece a nosotros. Si no actuamos procurando cambiar, seguiremos siendo los mismos pero con otra máscara que se adecue a la nueva situación.

La gente dice que tener un cáncer te cambia. Pues no, nada te transforma si tú no quieres o simplemente te quedas pasiva como esperando ese nuevo yo que vendrá caído del cielo. Tener esta enfermedad no te da un plus de bondad sobrevenida, no confiere una personalidad destacable por encima del resto, no mutan los sentimientos negativos en positivos…nada de eso ocurre si tú no quieres. Podemos engañarnos pero somos lo que somos y la cuestión es comprender lo qué te ocurre y desear modificar, e incluso eliminar, aquellos aspectos que no te ayudan en este nuevo “camino” o simplemente son desechables por sí.

Es cuestión de aprovechar la dura circunstancia para conocerte a ti misma, valorar y definir quién quieres ser ahora ( al fin y al cabo cambiar no conlleva un propósito más que el propio hecho de hacerlo) y liberarte de lo que es innecesario para poder vivir estos momentos en paz. ¡Claro que he cambiado! pero aquellos que me conocen saben que sigo siendo la misma persona y quizás la cuestión no sea sacar a la luz todo el iceberg sino en convertirte en un pequeño trozo de hielo.

Olivia

Tengo miedo…miedo al cáncer

Tengo miedo, sí, mucho miedo…Miedo a lo que pueda venir, miedo a los dolores, miedo a que los míos me vean sufrir, miedo al sentir que no soy la misma de siempre, miedo a tener que reír cuando en realidad quiero llorar, miedo a tener que decir…no yo soy de las que no me curo, NO SOY UN LAZO ROSA, miedo al día de la visita del oncólogo, miedo a que me den los resultados, miedo a vivir con miedo, miedo a que no inviertan en investigación, miedo al dichoso cáncer de mama metastásico, miedo a sentir miedo, miedo a vivir con miedo.

Elena
#NoSoyUnLazoRosa #MásInvestigacionCMM

miedo

Aceptar la enfermedad de un familiar

ACEPTAR… qué palabra tan comprometedora. ¿De verdad he podido aceptar el cáncer de mi madre? Y si no es así ¿quiere decir que hay un problema en mí que tengo que resolver? ¡Cuántas dudas! ¡Qué complicado! La gente te aconseja y te dice tantas cosas que una misma pierde la noción de sus propios sentimientos. ¿No os pasa?

Si pongo un poco de orden en este caos interior, veo que estoy dividida. Por una parte puedo decir firmemente que sí, claro que sí. Sé que está enferma, sé que tiene cáncer y sé cómo de comprometedor está su futuro. Pero, por otra, lo que no puedo aceptar (¡y no pasa nada por decirlo!) es el sufrimiento que le provoca la enfermedad. Ver que empeora, que está con dolor, es lo que llevo peor. Creo que ahí es cuando entra en juego una palabra que tiene un poco de mala fama: la resignación. Pero ojo, aclaremos una cosa. Esta resignación es diferente cuando se trata del cáncer. No estoy resignada porque me haya dado por vencida o porque no haya fuerzas para seguir. La resignación de la que hablo actúa como un cristal que rodea a mi madre que me impide intervenir para poder solucionar lo que le ocurre. Por mucho que lo intente, por muchas veces que me dé contra él, no se rompe y de ello obtengo el aprendizaje de tener que asumir que nadie tenemos el control de la situación; que la vida tiene que seguir su curso.

Pero cuando crees que todo el desorden ya está organizado y piensas que sí, que lo has aceptado, entran en juego los pensamientos que hacen tambalear todo ese esquema emocional, como en el inicio de este escrito. La mente es la gran protagonista, la manipuladora número uno. Cuando eres consciente del presente (tanto que te dices a ti misma: “¡lo estoy consiguiendo, qué maravilla!”), sin previo aviso tus pensamientos viajan al pasado para recordarte cómo era ella y, de esa manera, encogerte el corazón de alegría, pena, rabia y nostalgia. Y como consigue desajustarte todo tu cuerpo con esa multitud de sensaciones, se imagina el futuro (¡por si fuera poco!) con todo tipo de escenas que no siempre son… agradables.

Por todo ello puedo decir que la aceptación no es nada fácil, pero tampoco es imposible. Desde aquí decirte que si aún no has podido asimilar las circunstancias no te preocupes. Tampoco te justifiques y mucho menos te disculpes por ello. Cada persona tiene su propia historia, su propio ritmo, su propia personalidad y su propia forma de enfrentarse a las cosas por lo que las comparaciones han de quedarse a un lado. Procura no juzgar tus emociones y déjalas fluir. Ese es el truco de la vida: no aferrarse a nada ni nadie porque llegado el momento sólo nos llevaremos las experiencias vividas (tanto las buenas como menos buenas). Confía. Todo pasará antes o después. Mientras tanto sigamos a su lado dándoles todo nuestro amor. Eso es lo verdaderamente importante.

ACEPTAR… qué palabra tan comprometedora. ¿De verdad he podido aceptar el cáncer de mi madre? Y si no es así ¿quiere decir que hay un problema en mí que tengo que resolver? ¡Cuántas dudas! ¡Qué complicado! La gente te aconseja y te dice tantas cosas que una misma pierde la noción de sus propios sentimientos. ¿No os pasa?

Si pongo un poco de orden en este caos interior, veo que estoy dividida. Por una parte puedo decir firmemente que sí, claro que sí. Sé que está enferma, sé que tiene cáncer y sé cómo de comprometedor está su futuro. Pero, por otra, lo que no puedo aceptar (¡y no pasa nada por decirlo!) es el sufrimiento que le provoca la enfermedad. Ver que empeora, que está con dolor, es lo que llevo peor. Creo que ahí es cuando entra en juego una palabra que tiene un poco de mala fama: la resignación. Pero ojo, aclaremos una cosa. Esta resignación es diferente cuando se trata del cáncer. No estoy resignada porque me haya dado por vencida o porque no haya fuerzas para seguir. La resignación de la que hablo actúa como un cristal que rodea a mi madre que me impide intervenir para poder solucionar lo que le ocurre. Por mucho que lo intente, por muchas veces que me dé contra él, no se rompe y de ello obtengo el aprendizaje de tener que asumir que nadie tenemos el control de la situación; que la vida tiene que seguir su curso.

Pero cuando crees que todo el desorden ya está organizado y piensas que sí, que lo has aceptado, entran en juego los pensamientos que hacen tambalear todo ese esquema emocional, como en el inicio de este escrito. La mente es la gran protagonista, la manipuladora número uno. Cuando eres consciente del presente (tanto que te dices a ti misma: “¡lo estoy consiguiendo, qué maravilla!”), sin previo aviso tus pensamientos viajan al pasado para recordarte cómo era ella y, de esa manera, encogerte el corazón de alegría, pena, rabia y nostalgia. Y como consigue desajustarte todo tu cuerpo con esa multitud de sensaciones, se imagina el futuro (¡por si fuera poco!) con todo tipo de escenas que no siempre son… agradables.

Por todo ello puedo decir que la aceptación no es nada fácil, pero tampoco es imposible. Desde aquí decirte que si aún no has podido asimilar las circunstancias no te preocupes. Tampoco te justifiques y mucho menos te disculpes por ello. Cada persona tiene su propia historia, su propio ritmo, su propia personalidad y su propia forma de enfrentarse a las cosas por lo que las comparaciones han de quedarse a un lado. Procura no juzgar tus emociones y déjalas fluir. Ese es el truco de la vida: no aferrarse a nada ni nadie porque llegado el momento sólo nos llevaremos las experiencias vividas (tanto las buenas como las menos buenas). Confía. Todo pasará antes o después. Mientras tanto sigamos a su lado dándoles todo nuestro amor. Eso es lo verdaderamente importante.

Patricia Rivas

Mujer-con-la-mano-sobre-los-ojos

Un día a la vez

Soy Miriam Mendoza y tengo 43 años, todo empezó hace un par de años, tengo dos hijos y a la pequeña le seguía dando pecho, un sábado por la tarde me recosté y me toque mi pecho en ese momento me sentí una bolita!!! Tuve mucho miedo por qué mis pechos tenían mucha leche y la bolita se sentía muy grande, inmediatamente llame a mi ginecóloga para concertar una cita….. Me mando a realizarme mastografia y ultrasonido pero lo principal era quitarle el pecho a mi pequeña, una semana de angustia y mucha tristeza, por qué mi pequeña no quería comer ni tomar leche en Manila, no con vaso ni con nada. Por mi cabeza pasaban mil cosas, tenía miedo,angustia…… Pasada la semana me programaron para cirugía, había que retirar el tumor para saber si era maligno o benigno, otra semana de incertidumbre, llegaron los resultados de patología y la gran noticia era benigno!!!! Que felicidad!!! Pasaron 6 meses y me sentí unas bolitas en la axila yo asumí que era por qué tenía anginas jajaj, siempre tratando de buscar una explicación a las cosas…. Acudí nuevamente con la Ginecologa, me hizo una biopsia para determinar por qué se me habían formado los ganglios, el oncólogo me dijo que no me preocupara que no debía haber nada por qué estaba limpia.

Nuevamente la incertidumbre, la espera de los resultados tardó dos semana y no fueron nada favorable, el diagnóstico era “CÁNCER” mi doctora me recomendó una segunda opinión y ahí empezó este camino, mi marido y yo estábamos devastados, mis hijos muy pequeños y si sí tenía mucho miedo, miedo a lo desconocido, pero había que tomar cartas en el asunto, nos fuimos al Hospital General en la Ciudad de México, me revisaron los oncólogos y me mandaron realizarme mastografia, ultrasonido y biopsia. Una vez que tuvieron los resultados confirmaron el diagnóstico CANCER DE MAMA IIIA, había que actuar rápido el cáncer ya estaba muy avanzado y había que verificar si no había METÁSTASIS. Después de más estudios se confirmó que solo estaba encapsulado en axila, el tratamiento debía empezar inmediatamente…… 16 quimioterapias….. Estaba muy espantada mi familia devastada, mi marido desecho, pero yo quería seguir viva y seguir adelante así que empezó el tratamiento, después de la 3ra quimios el cabello empezó a caerse, al igual que pestañas y cejas, llore me encerré en casa no quería que nadie me viera, este proceso era más fuerte ir yo, era más difícil que cuando me enteré que tenía cancer, llego el día y me rapó mi marido, descanse, se terminaron mis dolores de cabeza, pero estaba pelona !!!! Lloré mucho pero tampoco me iba a dejar vencer !!! Empecé a usar pelucas y mascadas, pestañas postizas y a pintarme la ceja ….. me convertí en una mujer muy coqueta y mi vida se volvió a transformar!!! Termine las quimioterapias y seguía la mastectomia…. No tenía miedo de que me quitaran un pecho, tenía miedo de no aguantar la operación, de no salir de la anestesia, ese si era mi miedo, el no estar para mis hijos, pasaban mil cosas por mi cabeza pero tenía que seguir. Salí de la operación muy bien, pero la sensación que sentí cuando me pusieron la anestesia, fue horrible, no podía respirar, no podía hablar, sentí que me moría, pero todo era parte del proceso, Miriam estaba viva y con más ganas que nunca, siempre he sido una mujer alegre y con mucha energía, esto era parte de un mal sueño!!!! Nunca deje de manejar ni de hacer mis actividades, mis pequeños necesitaban a la mama fuerte y aguerrida!!!! Ya solo faltaban las radiaciones!!! Muchas veces quince tirar la toalla, no seguir con el tratamiento, estaba cansada, fastidiada y muchas veces la pase muy mal!!! Pero aquí estoy, soy una mujer que quiere ayudar a más mujeres a seguir adelante, y la mejor manera era dando a conocer mi experiencia, muy pocas personas, familiares, amigos y conocidos sabían por lo que había pasado, pero mi marido y yo decidimos hacer un programa de radio por internet en donde yo pudiera contar mi historia y buscar alternativas y dar opciones a mujeres que al igual que yo estuvieran pasando por este padecimiento, en ese momento surgió UN DÍA A LA VEZ, por qué así es como vivo hoy, por qué hoy es un nuevo inicio, por qué voy caminando un día a la vez. Gracias por permitirme ser parte de sus historias y dejarme ser parte de su camino. Esto es lo que soy y hoy vivo para contarlo.

 

Mi grupo

Hace algún tiempo, entré en un grupo de personas con cáncer de mama. Allí un número muy elevado de compañeras, compartían sus sueños, sus esperanzas, sus tratamientos con fechas límites.

Unas cuantas de nosotras, decidimos (o apoyamos), crear otro grupo para las metastásicas, porque nuestra problemática es diferente. Nosotras no tenemos fecha final de tratamiento, nuestros dolores son permanentes, ya no pretendemos curarnos sino vivir con la enfermedad a cuestas, lo mejor y el mayor tiempo posible. Durante este tiempo, el grupo ha crecido, se ha hermanado con otros países, se han creado vínculos que difícilmente se desunirán, nos hemos reído, llorado, apoyado, consolado, en fin… hemos construido una familia entrañable.

solidaridad

Durante todo este tiempo, hemos tenido pérdidas irreparables, porque todas lo son, porque formaban parte de nuestra familia, porque tenían hijos, padres, nietos, hermanos, amigos, que aún lloran su pérdida. A todas las hemos llorado y echamos de menos, ha sido un porcentaje pequeño, no podemos derrumbarnos por ello, pero ¡dios! como duelen, como escuecen.

Hace unos días que nos ha machacado la noticia del fallecimiento de una compañera alegre, joven, amante de la música, viajera del mundo (aunque solo fuese organizándoselo a otros). Siempre la encontrabas ahí, animando, compartiendo videos musicales, invitando a todo el mundo a compartir experiencias, en fin…entrañable. A los que la conocían, no hace falta que diga su nombre, a los que no, simplemente imaginaos un ser magnífico, que ha fallecido mucho antes de lo que debiera, con sus esperanzas y ganas de vivir intactas.

Pues bien, hoy me duele el grupo, me desborda la tristeza entrar y no ver sus videos, me preocupan en demasía las dificultades de cada uno de los miembros de nuestra familia, siento que hoy por hoy, no puedo con tanta tristeza y sin embargo, no puedo prescindir de ellas, porque de la familia, no se prescinde. Disculpadme si no participo más, disculpadme si en alguna ocasión  no he contestado a alguna de vuestras preguntas, pero es que necesito tiempo para curar a mi pobrecito corazón, que de tanto desbordarse, se siente demasiado dolorido.

Os quiero eternas compañeras de fatigas, familiares entrañables de las que se eligen y no se imponen y una vez más, les pido disculpas, volveré a ser como antes cuando tenga fuerzas, y hoy por hoy, que sepáis que sigo aquí, que sigo leyendo vuestras progresiones, pero no me encuentro con fuerzas de comentar nada, de dar ánimos.

Os voy a dar una orden: mejoraos todas, por favor cuidaos mucho, mucho,…

Margarita

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