Agarradas a la vida

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Reproducción de la columna de opinión Agarradas a la Vida, publicada en el diario El Comercio, el 18 de junio de 2017.

El CMM (cáncer metastásico de mama) es la otra realidad del cáncer de mama. La realidad más cruel y más dura. Por eso quizás es la gran desconocida por la gente. La que incluso los medios de comunicación ni mencionan en la mayoría de sus campañas. Incluso yo, paciente oncológico durante más de veinte años, he tenido que llegar a padecerla para recordar que existía.

Formamos parte de ese 20% (a veces somos eso… un porcentaje) de mujeres que sobrevive con la enfermedad, sin posibilidad de curación. Obligadas a vivir el resto de nuestros días ligadas a un hospital, sometidas a tratamientos continuos, pues ese es el alto precio que tenemos que pagar para seguir agarradas a la vida. Obligatoriamente, hemos aprendido de ensayos, hormonas, células… Incluso nos hemos familiarizado con términos que al principio nos parecían algo extraños. Pero también hemos aprendido de matemáticas. Sumamos y restamos posibilidades de vida con cada tratamiento, con cada falsa noticia de curación milagrosa, para ver si podemos estar entre el grupo de los bendecidos.

También somos expertas en estadísticas: sabemos perfectamente qué porcentaje ocupamos entre las afectadas las que sobreviven, incluso por edades o provincias. Pero si de algo sabemos especialmente es de miedo mezclado con esperanza. Silenciando a veces los dolores y la tristeza para no hacerlo aún más difícil a nuestros seres queridos. Vivimos continuamente haciendo equilibrios entre el miedo y el dolor, pero siempre en medio de la esperanza.

Algunas mujeres de este colectivo hemos creado un grupo llamado “Cáncer de mama metastásico y recidiva”. A través de dicho grupo tratamos de mostrar al mundo nuestra realidad. Buscamos plataformas de apoyo y difusión a través de las redes sociales para conseguir que se abran nuevas líneas de investigación que permitan al menos cronificar la enfermedad y paliar los efectos secundarios. Al mismo tiempo, ofrecemos apoyo y animamos a unirse al grupo a cuántas personas estén en nuestra situación.

Nuestra enfermedad, en ocasiones nos hace detenernos. Los tratamientos son duros y provocan cansancio, incluso dolor; pero siempre hay alguien dispuesto a coger el relevo los días que se encuentra mejor. Sin embargo, es la pérdida de alguna compañera lo que nos paraliza realmente. El dolor y el miedo se apodera de nosotras mucho más a menudo de lo que nos gustaría. Cada pérdida es un poquito de futuro que nos arrancan. Pero aún así recogemos los trocitos rotos de nuestros corazones para seguir construyendo esperanza.

Necesitamos mantener la ilusión, pero también necesitamos apoyo y difusión para seguir avanzando en nuestro proyecto.

Gracias a todos por vuestra colaboración.

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