“La valentía” te explota en la cara

Para mí, que paso la mayor parte del tiempo en casa, ayer se presentaba como una tarde especial. A las 6 conferencia de un primo mío, micro cirujano y a las 8 merienda con las amigas.

Mi primo vive fuera, de hecho pasa el año viajando por todo el mundo y hoy es la primera vez que habla en la ciudad, por tanto todos los asistentes son familia o,conocidos.  Llego con mi marido y desde la calle hasta el local en donde se celebra la charla saludamos a casi la mitad de los más allegados. En la conferencia se explican las técnicas quirúrgicas que se emplean para tratar los linfedemas, tema en el que está especializado el conferenciante, quien lo desarrolla magistralmente.

Al salir, algunas de las asistentes, amigas mías y tertulianas de merienda, se ofrecen para que vayamos juntas. Accedo encantada, pero el sexto sentido de mi marido me advierte, ¿estás segura de que no quieres que te lleve yo directo?. No, vete tranquilo.

Eempezamos a salir del local y vuelven los saludos, los comentarios, aumentados porque una de mis amigas también vive fuera. Les pido marchar, pero ellas no comprenden mi problema, no puedo estar tanto rato de pie. Empiezo a pensar que debería de haber hecho caso a mi marido.

Por fin nos vamos, aparcamos el coche cerca del local, que está en El Centro del pueblo y, vuelta a empezar, pasan conocidos.. bla..bla… no puedo más. Ni que decir que cuando llegamos al local, allí si que voy “sorteando” gente y me dejo caer en uno de los silloncitos. Merendamos, charlamos, reímos, pero el dolor no pasa. Ya me he tomado el antiinflamatorio, no puedo tomarme otro, solo son las 10. No puedo esperar más. Y lo que es peor de no poder es que cuando lo intento no puedo levantarme.

Tengo sentada delante la viuda de un primo, fallecido de càncer el año pasado a los 59 años, es enfermera y ve enseguida que algo va mal. Se levanta, le pido ir al baño, me ayuda, vamos con dificultad. Otra amiga lo ve y acude, me llevan del brazo. El bajarme el pantalón agrava la situación, no puedo mantenerme recta. La prima dice que va a buscar el coche, contesto que primero vaya a la sala a recoger mi bolso, no me veo con fuerza de caminar hasta allí. Al ir a coger el bolso las otras preguntan. Me acuden tres más. Peregrinamos hasta la salida. Si hasta allí fue un tormento, bajar las escaleras se me hace casi insoportable. Las amigas, una delante por si me caigo, dos al lado, una detrás, me llevan en volandas. Hasta una, que ve lo sudorosa que me he puesto, va a buscar un abanico. Se me desliza una lágrima de dolor y de emoción y llorando y riendo les digo: “si alguien nos ve salir así dirá pues si que salen borrachas del casino”. Se ríen. Me dicen eres única y contesto y hoy única e intransferible.

Me duele horrores el sacro y las piernas, pero me duele más mi orgullo, mi enfermedad expuesta en lo más crudo, no poder controlar el sufrimiento, así acaba mi tarde especial.

Una vez en casa, desde la cama, debo ponerles un wsap al grupo, traduzco del catalán: “Gracias a las porteadoras del paso de Ntra. Sra. de los Ángeles por su dedicación en la procesión de esta noche. Gracias por haberlo trasladado hasta el cofrade mayor quien, por cierto, soltó el consabido sermón de “es que no tienes medida”.

2 respuestas a ““La valentía” te explota en la cara

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