El volver

La misma puerta del hospital que se abrió hace 4 años para dejar salir, con paso fuerte y decidido, a una mujer triunfadora, con la sonrisa que solo se refleja cuando te dicen “te voy a dar el alta médica “, envuelta en el manto rosado del càncer que se supera, me vio entrar de nuevo, solo dos meses después  con el mismo manto, que en otro tiempo desafiaba el aire al compás de los pasos ansiosos por volver a vivir,  ahora desteñido, hecho jirones. Y no sólo la prenda reflejaba ecatombe, también los ojos enturbiados por las lágrimas, el miedo y desconcierto. El caminar orgulloso había mutado en un avanzar quejumbroso y titubeante. Iba a confirmar mi diagnóstico de metástasis.

Cuando las puertas se cerraron, me sentí atrapada, condenada a recorrer el mismo camino una y otra vez, tratamiento tras tratamiento, con una única diferencia, hay días que llegas con miedo, otras con desasosiego, otras incluso con temblor y casi siempre te acompaña esa sensación de soledad.

Atrás dejas el frescor de la calle, el paseo que darías si pudieras, el sol, la vida. Los olores de la,vida de la calle no pasan las,puertas, dentro huele a hospital y como en una perfumería cada zona tiene su olor característico, sobre todo las salas de pruebas son los que encuentro más desagradables.

El ajetreo callejero también se para en la puerta, vamos pausados a tomar nuestro lugar, nos sentamos y entramos en el letargo espera. Alguien lee un libro, sin pasar la página,  de vez en cuando nos miramos unos a los otro y en algunos casos alguien se atreve a preguntar algo y se empieza una especie de charla unicolor y más desteñida que mi capa rosa; en el mundo no hospitalario, antes para comunicarse se preguntaba “tienes fuego”, después “estudias o trabajas”, en la jerga hospitalaria la frase que romper el hielo es ” qué hora tienes la visita”. Pues la tenía a las 10. Son las 12. Ya. Y volvemos al letargo.

caminamos, entramos, salimos, como si realizáramos un ritual, miembros todos de una sociedad secreta, a veces incluso con fines poco claros, poco explicados o en términos que no comprendemos. Nos llaman y acudimos prestos, seguros de nuestra misión. Y si no nos llaman es que hemos estado condenados a la pena en entrar en el protocolo.

El otro día me decían, con voz queda, de secreto, ¿sabes, hay alguno que se cansa?.

No lo digas en voz de secreto, querida amiga, hay veces que te cansas.

4 respuestas a “El volver

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