Un triunfo fugaz

imageDespués del diagnóstico y la posterior aceptación, viene el y ahora
que hago con mi vida o mejor dicho con mi tiempo. De pronto me vi con la baja laboral y muchas horas libres, así que entre otras cosas
decidí hacer ejercicio ese que no hice en años por entre otras cosas
falta de tiempo, se me ocurrió la genial idea de correr, al final era
algo que me gustaba y hacia diariamente años atrás.

Desde luego busque información sobre si era recomendable correr
teniendo metástasis y la respuesta era un No, pero no me convencí y busque el sabio consejo de mis compañeras de barco, las cuales me lo volvieron a confirmar, pero yo obstinada necesitaba que mi cuerpo me lo confirmara, asi que no hice mucho caso y me compre mi outfit para correr y me dije si Lance Armstrong pudo lograrlo, por que yo no?, sobra decir que en ese momento el sentido común no estaba presente.

Aunque seguro adivinan el desenlace aun así os lo contare; al
principio fue genial, estaba orgullosa de mi, no solo por poder
hacerlo teniendo metástasis, sino por el hecho que tenia años sin
hacer nada de ejercicio y además que he sido fumadora, podía correr 3o 4 veces a la semana por una hora, me sentía viva y que podía ser laexcepción, que quizás después de todo, no era tan diferente a LanceArmstrong, un mes me duro mi momento deportista de elite.

Un buen día mientras me estaba ya imaginando con una medalla por lo menos de bronce colgada al cuello me vino un dolor en el cóccix de esos que no te dejan levantarte, de esos dolores que te hacen que salten todas las alarmas de tu cerebro y te de por imaginarte el peor diagnostico, ese que ni Google tiene, entonces tuve que recurrir a lo que menos me gusta, tomar medicamentos y mientras la medicación hacia ese efecto de mitigar el dolor pero también de dejarme en un estado tipo Nirvana, jure no volver a correr.

Pero eso si, por si acaso en cuanto vea a mi oncólogo será lo primer que le pregunte, ya les dije que era obstinada!

Oncólogos médicos destacan el beneficio del uso de los inhibidores CDK 4/6 en el cáncer de mama

Oncólogos médicos y residentes en Oncología Médica han destacado, durante un ‘workshop’ organizado por el Institut Català d’Oncologia (ICO), el grupo de investigación en cáncer de mama SOLTI y el Vall d’Hebron Institut d’Oncologia (VHIO) de Barcelona, el beneficio del uso de los inhibidores CDK 4/6 en el tratamiento y diagnóstico del cáncer de mama (…)  La aprobación de estos inhibidores abrirá una nueva oportunidad terapéutica para el tratamiento del cáncer de mama metastásico en pacientes con receptores hormonales positivos. Leer más→ 

Historia de Agurtzane

17106223_236948243434457_1032737536_oMe diagnosticaron cáncer de mama el día que cumplí 41 años, el 6 de junio de 2014. De todos modos, yo siempre tengo como fecha de inicio de esta nueva vida el 23 de mayo. Ese día me hicieron una ecografía. La técnico que me realizó la prueba me derivó en ese mismo momento a la consulta de la ginecóloga y ella fue muy clara: alta probabilidad de cáncer. Desde entonces, supe que tenía cáncer. Recuerdo (aunque me gustaría olvidarlo, sé que es imposible) las sensaciones que en ese momento me derrotaron por completo. Yo, que había salido un ratito del trabajo para hacerme una prueba que creía sin importancia… Estaba sola. Salí del hospital. Miraba cómo circulaban los coches, cómo caminaban las personas mientras hablaban y reían… y no entendía cómo el mundo podía seguir siendo igual cuando a mí me acababan de decir que tenía cáncer. Sí, ¿verdad? Esas cosas que siempre pensamos que les pasan a otros, nunca a nosotros…Recuerdo también la angustia que sentí al tener que decidir en ese momento a cuál de mis familiares llamaba para romper su paz y comunicarle la noticia… porque yo necesitaba apoyo y compañía física de alguien. En fin, todo fue bien.

Como en el caso de todas las compañeras, empezó en ese momento todo un proceso de pruebas y consultas que resulta agotador. Tienes la impresión, yo la tuve al menos, de que todo va rapidísimo. Obviamente, en esas circunstancias es lo mejor, pero tu mente no va tan rápido, tarda más en asimilar lo que está sucediendo, y se sufre.

Mi primer diagnóstico fue carcinoma de mama en estadio II, hormonodependiente, HER2 negativo. Se decidió que era necesario reducirlo antes de la cirugía y comencé con la quimio. Sólo tuve un día de quimio. Llegaron los resultados de la gammagrafía ósea, y fue bingo. Múltiples metástasis óseas. Comencé, por tanto, con la terapia hormonal. He tenido mucha suerte, porque he ido respondiendo muy bien al tratamiento. Mi primera complicación de verdad surgió en noviembre de 2016. Tuve una compresión medular en la vértebra D8. Me pautaron sesiones de radioterapia y hace unos días he sabido por los resultados del TAC que la radio fue efectiva y el asunto parece bastante controlado. Mi movilidad, por ahora, no está comprometida. Ahora me han cambiado el tratamiento. Es un poco más duro, pero se lleva bien.
Tu vida cambia cuando te diagnostican un cáncer. Pero se sigue viviendo. Yo siempre digo que no quiero durar como una pila, sino vivir. Nunca he sufrido tanto ni nunca he tenido momentos tan felices como ahora. Y, en muchas ocasiones, decidir amargarse o vivir y disfrutar de la vida, es una decisión personal. Independientemente de las circunstancias, cada persona elige como quiere que sea su vida. No siempre, es verdad. No vamos a negar la realidad. Es una enfermedad muy dura, que merma mucho la calidad de vida, no todo se consigue con actitud y positividad. A veces, no hay más que aceptar lo que hay y patalear y enfadarse y desesperarse.

A mí no me queda otra que seguir viviendo, o intentarlo todos los días, elaborar la ensalada de cada día con los ingredientes que me han tocado.

Quiero acabar agradeciendo y mostrando todo mi amor inmenso a mi familia. Sois mi tesoro. No podría sin vosotros. Eskerrik asko, beti.

Nanopartículas inyectables podrían revolucionar el tratamiento de las metástasis

Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Metodista de Houston, en Estados Unidos, puede haber transformado el tratamiento del cáncer de mama triple negativo metastásico al crear un fármaco que elimina con éxito las metástasis pulmonares en ratones, como se detalla en un artículo publicado en la edición digital temprana de ‘Nature Biotechnology’. Leer más→ 

Historia de Marta

20170221_114252-1_resizedEn Abril del 2014 , a los pocos días de fallecer mi padre me encontré un pequeño bulto en el pecho. Fue todo muy rápido, eco, biopsia… El diagnóstico fue maligno sin ganglios infectados, así que no me hicieron ninguna prueba más antes de pasar por quirófano. Me extirparon los dos pechos y la totalidad de los ganglios del pecho afectado. Una vez extirpado todo, los resultados de patología ya no fueron tan alagüeños, al sacar todo el pecho encontraron  otro tumor más que no se veía en las pruebas de imagen  y además tres ganglios de trece infectados. Después de un posoperatorio algo complicado, me hicieron pruebas de extensión y aparecieron múyltiples metástasis óseas en todo el tronco, y especialmente dañadas algunas vértebras. Me trataron con ocho ciclos de quimioterapia cada 21 días (docetaxel, pertuzumab, herceptin y denusumab). Solo me radiaron en columna para bloquear la destrucción de hueso, ya que al extirpar el pecho y los ganglios ya no procede radiar la zona del tumor.
Tuve buen ánimo durante el tratamiento aunque la toxicidad se iba acumulando y minando a nivel cognitivo y emocional. Los últimos goteros se me hicieron más duros y solo soñaba con terminar. El caso es que cuando finalmente terminamos con la quimio “dura” para que nos entendamos, y me volvieron a citar con la misma cartilla para el siguiente ciclo, entonces me di cuenta de que nada había acabado… que iba a seguir siempre en tratamiento. Me lo habían dicho , metástasis, estadio IV, crónico… pero ahora lo entendía de verdad, mi cáncer era incurable!. Por unos meses me vine abajo, me hundí en el hoyo, me sentía muy muy triste y  solo podía pensar en la muerte.
Tuve el apoyo de mi marido increíble, mi familia, mis amigos… muchos! (aunque confieso que no me sentía comprendida por nadie) y sobre todo me apoyé en Dios. Le rogaba, le pedía el milagro. En seguida me día cuenta, que las personas que me rodeaban, por mucho que me quisieran, solo querían oír de mi que estaba bien. La verdad, es que nadie quiere un amargado a su lado y enseguida comprendí que aunque fuera por ellos (por mis hijos sobre todo) tenía que poner buena cara. Empujada por esto, por los rezos de tanta gente y por las ganas de volver a mi vida anterior, paso a paso fue recobrando la alegría, la fuerza y la paz.
Después de un proceso, insisto proceso (que hay que pasar y llorar y enfadarse y rogar),  llegó la aceptación. Reconozco que me ha ido resultando más fácil en la medida en que recobraba la capacidad de llevar una vida normal, de reconocer mi imagen en el espejo y de retomar cosas normales de mi vida anterior al cáncer, y que ahora las vivo con tal intensidad, que agradezco cada momento bueno, y soy capaz de pararme a disfrutarlo como tanta gente explica cuando pasa por algo parecido.
He mandado esta foto con dos imágenes, porque creo que refleja muy bien lo que es nuestra vida cuando el tratamiento funciona “cronificando” la enfermedad (eufemismo que agradezco nos transmitan los oncólogos). Vivimos una especie de doble vida: la de depender del hospital (pruebas y más pruebas, análisis, inyecciones, consulta cada 21 días) que te obligan a tener muy presente lo que tienes; y la otra que es la “normal” (compra, comida, trabajo, madre, esposa, hija, hermana, amiga, yoga, paseos, salidas con amigos, cine, misa…). Soy muy consciente de la imagen que transmito, y es que parece que la enfermedad no va conmigo y  conste que tampoco me empeño en ocultarlo, de hecho si me preguntan lo digo: “no me he curado”. y es que para mí, este es el milagro. Las pruebas y en oncólogo se encargan de recordarme que tengo cáncer, pero el milagro que Dios ha hecho es haber descubierto otra persona en mi que vive con cáncer más feliz que antes si cabe (conste que era una disfrutona y el coste me sigue pareciendo elevado).
Una de la cosas que yo diría que más cuesta de sobrellevar es la relación con los que te rodean, incluso los que más te quieren y sientes como no empatizan o no te comprenden. Antes sufría cuando no encontraba la respuesta que esperaba, ahora ya no, me siento muy libre. Hice caso a un consejo de mi sacerdote. Me dijo: “Marte, no busques la comprensión en todo el mundo, si tienes a alguien que te entienda ya está bien” y me ha dado una gran paz y libertad. Cuando me preguntan que tal estoy, siempre digo lo mismo : Muy bien! . Me ha dado mucha fuerza contestar esto. El que me quiere de verdad, sabe que llevo mi sufrimiento y ya está, no hacen falta palabras. Cuando necesito desahogarme escojo aquellas personas que se que me van a dar consuelo y ya está.
Me he dado cuenta que la mayoría de la gente tiene buena intención, pero no todos somos iguales, ni estamos en el mismo momento de la vida, ni compartimos la misma manera de ver las cosas. Sé que me desean lo mejor y ya está, no les pido más. Tengo paz y soy feliz, mucho más que antes. No tengo miedo a la muerte, me da mas pena por mis hijos y por todo aquel que vaya a echarme de menos (que realmente tampoco se quien será exactamente). Lo que si me da pavor, son los tratamientos, el ser una carga, el no saber llevarlo bien y amargar a los de alrededor. Estos miedos, que están ahí son los que se me aparecen en el subconsciente cuando me voy a quedar dormida y me inunda una angustia que no puedo describir. También he desplazado mis ansiedades hacia fobias que antes no tenía. Me agobio mucho es espacios cerrados y ruidosos.
Para mantener  con la paz que he conseguido me cuido espiritual, física y emocionalmente. Me protejo de las personas que me han “herido” y no les doy la oportunidad de que sigan haciéndolo aunque no tengo ningún rencor hacia nadie. No me gusta estar con gente “charlatana” y “criticona” , pero tampoco intento cambiarles. He despertado una gran empatía hacia la gente que sufre, así que intento ayudar todo lo que puedo a esas personas con las que me voy encontrando en el camino. Me rodeo de gente buena, tengo muchos amigos y no les pido nada, solo su agradable compañía.
Vivo a tope, me he quitado culpabilidades y auto-obligaciones absurdas, soy más amable conmigo misma  y no me siento en la obligación de demostrar nada a nadie. Soy más libre que nunca, pienso menos y soy como más niña por dentro. He recuperado algo más de espontaneidad de la infancia, tengo mas facilidad para expresas mis sentimientos…
Le sigo pidiendo a Dios el milagro, pero el milagro que ahora le pido es que me siga haciendo efecto la medicación para tener el cáncer controlado. No le pido mi curación, no sea que con eso se lleve la felicidad que he descubierto en vivir el presente. Si que le pido que me quite esa angustia de fondo o al menos que me ayude a sobrellevarla.