Un día de veintiun días

El tiempo marca las acciones y circunstancias que nos suceden en la vida. Tenemos un tiempo general que nos viene definido y un tiempo personal que adaptamos al anterior. Con el Cáncer ocurre lo contrario el tiempo general se adapta al personal, y así los días entre semana, los fines de semana, los puentes, las vacaciones, todo se acopla a los tiempos de pruebas, análisis, consultas y sobre todo a la quimioterapia y sus efectos. Yo vivo mi tiempo en veintiún días pero cada día vivo desde el día que comienzo a sobrevivir…mi sesión de quimio.
Ese día todo ocurre de la misma manera. Contemplo a través de las ventanillas del coche los mismos edificios, el mismo parque, paro en los mismos semáforos, el giro de la curva en la glorieta, el paso bajo el tren… todo los objetos, personas y acciones se me hacen cotidiano ¡Tantas veces haciendo ese mismo camino!. Al subir la pendiente van apareciendo los edificios del complejo hospitalario, el Infantil donde me realizo las pruebas del PEC-Tac, el Hospital de la Mujer donde me operaron, el de Trauma donde he ido a urgencias para los dolores y allí al final de la cuesta, imponente en su forma, se alza el Hospital General. Recorro su blanco hall, ya ni miro los carteles orientativos en burdeos ¿para qué? puedo cerrar los ojos y visualizar cada elemento que me dirige directamente a Oncología, el control de seguridad, batas blancas, pijama celestes o verdes, personas en todas las direcciones, caras de tristeza de resignación, de duda y confusión, risas conversaciones distendidas -da igual- la vida nunca se para aunque este sea un lugar donde sí se detiene la vida. Entras en el área de oncología y te diriges al mostrador, entregas tu papel de cita y con tu número en las manos te sientas a esperar. Siempre hay una espera en este lugar. Miras las pantallas constantemente hasta ver aparecer ese ilógico número que me invita a traspasar la puerta roja del Hospital de Día. Me pregunto ¿por qué el color rojo siempre indica peligro, no traspase, cuidado, stop…?. Da igual empujo y entro, en esa advertencia de “peligro” esta la supervivencia.
¿Cuántas cosas han cambiado desde que entre aquí por primera vez el doce de abril de dos mil trece?. Muchas cosas, del miedo, de la incertidumbre, del pellizco en el estomago de esas primeras veces, entramos ahora con la tranquilidad y la serenidad necesaria para saber que a diferencia de antes, ahora la quimioterapia es parte esencial de mi existencia.
Mis acciones son mecánicas, preparo el sillón, pongo la sabana sobre él, saludo al personal y a mis compañeros del día, desplazo la bomba de perfusión intravenosa en el lado derecho donde tengo colocado el “portal”. De mi mochila saco un libro, otras veces el cuaderno de dibujo o la tablet, aunque también muchas veces apenas hago nada pues converso con unos y otros … y el tiempo pasa. Aquello es también un espacio de mi vida, como lo es mi hogar y lo fue mi trabajo. Si, aquella sala blanca salpicada de sillones de fuertes colores, de olor a desinfectante, de pitidos incesantes, es también un espacio de mi memoria, que en unos pocos años me ha marcado en mi forma de ser, de sentir, de vivir como ninguno lo había hecho anteriormente. El hogar es el hogar, en él soy lo que soy pero aquel espacio que visito cada 21 días me ayuda a Estar, a disfrutar de mi existencia, a tener esperanza, a esperar …siempre hay una espera en este lugar.
Pitido final, recojo mis cosas, saludo y vuelvo a mi casa. Aunque entienda lo que significa este lugar, cuando sales del hospital y contemplas el cielo, incongruentemente te sientes liberada, como si fuera la última vez que vuelvas allí,…pero no lo es. Siempre anhelamos ser libres, porque a diferencia de cualquier espacio que haya tenido en mi vida en este estamos atadas completamente por hechos que se escapan a nuestro control. No quiero volver aquí pero he aceptado que estar aquí es lo que hace que pueda anhelar la libertad, que tenga sueños, pequeños proyectos, que disfrute a pesar de las circunstancias de mi vida.
Vuelvo a mi casa y tengo 21 días que deberé estructurar en función de los efectos que me produzca la quimioterapia, pero eso es ya otra historia (este camino tiene tantas historias como vidas afectadas). No importa, me he inyectado en vena una dosis de vida…hasta la próxima. Seguimos.

images-10

Publicado por

olivia

Supervivencia, lucha, amor por los libros que me inspiran y han conformado mi existencia

5 respuestas a “Un día de veintiun días

    1. Por desgracia o no, según como se mire, aquí nos encontramos donde nadie puede, aunque lo intenten, encontrarlos. Seguimos 💪🏻💪🏻💪🏻

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s